viernes, 9 de enero de 2026

En busca del salmón III

Después de comer, apetecía dar un paseíto por los alrededores de Belmonte. Teníamos que pasar al otro lado del río Pigüeña para coger un pequeño sendero a la derecha.


Desde el puente, pudimos disfrutar con las evoluciones de un mirlo acuático.


Antes de coger el sendero, nos tropezamos con alguna curiosa y bonita casa colonial.


El camino picaba ligeramente hacia arriba, y desde esa perspectiva, pudimos observar el colorido ayuntamiento.


Por el camino nos encontramos con alguna riera de aguas cristalinas, y aprovechamos para hacernos alguna fotito.


Después de este agradable recorrido, volvimos sobre nuestros pasos, y con el atardecer sobre nuestras espaldas, visitamos el curioso museo etnográfico de las Ayalgas de Silviella. Este museo muestra una gran colección de coches antiguos, tractores, motos, pequeños electrodomésticos, maquinaria agrícola, o piezas históricas, carros antiguos, elementos de tortura de la Inquisición o documentos y libros antiguos. Decenas de piezas que pronto se convirtieron en cientos y ahora superan el millar. Desde la más sencilla a la más importante, se han atesorado y restaurado con el fin de volver a dotarlas de vida, para que hoy en día el visitante pueda disfrutarlas en funcionamiento en sus instalaciones. Molinos, pisón de escanda, malladoras, una fábrica de gaseosas, tractores y otras muchas máquinas que cada día se arrancan en el Museo para que se pueda disfrutar con los cinco sentidos.



Fotos sacadas de la web del Museo. https://lasayalgas.es/

A la mañana siguiente, hicimos un último intento para intentar ver a los salmones. Apostados desde un puente, escudriñamos el río.


Esta vez sí tuvimos suerte. A contracorriente, pudimos observar a 3 individuos que se mantenían casi inmóviles en el sitio. 



Las fotos no son muy buenas, pero la alegría fue enorme. Así que decidimos hacernos una foto de grupo.


Con el objetivo principal cumplido, continuamos con nuestra programación. Subimos a unos prados montanos a visitar una pequeña vaquería.


Durante la subida, además de unas bonitas vistas, pudimos ver varios caballos adaptados perfectamente a estas praderas.



Durante la subida, nos fueron hablando sobre la trashumancia y el manejo del ganado en estas tierras, además de enseñarnos sus instalaciones, disfrutar de las vistas, y ofrecernos un picnic con preñaos y sidra.




Tocaba ya regresar para nuestros madriles. Paradita estratégica en el puerto de Somiedo para intentar avistar oso, con nula suerte, y con un frío interesante, nos despedimos de tierras asturianas con la observación fugaz de un par de camachuelos, y la pose de un bonito escribano cerillo.