¿Puede una asociación dedicada a la recuperación del bosque autóctono (ARBA) sentarse a dialogar y entenderse con quienes proponen la tala de árboles en espacios protegidos? La respuesta es sí, y la prueba ha tenido lugar hoy en la Casa de la Juventud de Colmenar Viejo.

El conflicto: La paradoja del árbol
Vivimos en una cultura que nos ha enseñado que el árbol es intocable. Sin embargo, Juan Traba comenzó su intervención desafiando el famoso "mito de la ardilla" (aquella que supuestamente cruzaba España de rama en rama). Traba explicó que los ecosistemas abiertos (páramos y estepas) no son "bosques degradados" por el hombre, sino paisajes antiguos y biodiversos que han existido durante milenios, mantenidos históricamente por grandes herbívoros y el fuego.
La realidad actual de nuestros campos es el abandono rural . Con la pérdida de la ganadería extensiva (hemos perdido millones de ovejas que actuaban como "jardineras" del paisaje), el matorral y el bosque se han expandido descontroladamente, cerrando los espacios abiertos.
Esto es fatal para especialistas como la alondra ricotí ( Chersophilus duponti ), una joya ornitológica en peligro de extinción que huye de las estructuras verticales.
La ciencia detrás de la gestión
Durante la charla, explicaremos las acciones del proyecto LIFE, que incluyen la restauración de hábitat mediante talas selectivas y desbroces. No se trata de "ir con la motosierra a lo loco", como bromeaba Traba, sino de intervenciones quirúrgicas para recuperar la estructura de estepa que la alondra necesita para sobrevivir.
Adrián Barrero y Juan Traba mostraron cómo estas, sumadas a la recuperación del pastoreo extensivo y las acciones de ejemplares, están logrando recuperar territorios en zonas críticas como Soria o Guadalajara, donde la especie estaba condenada.
Consideraciones del proyecto a tener en cuenta
Las actuaciones incluyen también el cercado de pequeñas zonas de parameras. la construcción de apriscos, el pago de unas compensaciones a los ganaderos para favorecer la permanencia de los rebaños en zonas donde viven las alondras.
Según Juan Traba en fase de conclusiones, las actuaciones del LIFE cubrirán unas 750ha, entre tres zonas: Soria, Guadalajara y páramos del PR del Duratón en Segovia. Con otra actuación en Cataluña y zonas indirectamente afectadas por las actuaciones, no llegan a mil ha. Eso es menos del 1% de la superficie total de zonas esteparias, o páramos, que hay en la Península.
Como se dijo también, esas zonas - donde no vive la alondra pero podría vivir - están afectadas por múltiples presiones antrópicas: huertos solares, parques eólicos, pistas etc.
Lo más valioso de la jornada ha sido el ejercicio de comunicación y pedagogía . Se reconoce la "esquizofrenia" administrativa que supone prohibir cortar una rama durante 30 años para, de repente, ver a científicos talando pinos o encinas.
La conclusión, compartida por los asistentes de ANAPRI y ARBA, es que la conservación no es estática. Conservar no es solo proteger árboles; es proteger procesos. Y para que la alondra ricotí —el "fantasma del páramo"— siga existiendo, necesitamos entender que las estepas ibéricas, esos horizontes despejados y sin árboles, son tan valiosos y naturales como el bosque más denso.
Hoy en Colmenar Viejo, entre pajareros y amantes de los árboles, hemos aprendido que a veces, para que la vida siga volando, es necesario gestionar el paisaje con una mirada más amplia y menos dogmática.

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