domingo, 16 de agosto de 2026

PASEO PAJARERO EN EMAÚS, TORREMOCHA DEL JARAMA

 

Crónica de una mañana pajarera: Sembrando conciencia con la juventud de la Casa Emaús en Torremocha del Jarama

El pasado 15 de agosto, desde la Asociación Naturalista Primilla (ANAPRI) tuvimos el inmenso placer de guiar una jornada de iniciación a la ornitología muy especial. Nuria, de la Casa de Espiritualidad Emaús de Torremocha del Jarama, nos había propuesto organizar una actividad estival dirigida a los jóvenes que pasan unos días en este singular espacio de acogida.


La Casa Emaús —un proyecto autogestionario levantado y mantenido gracias al trabajo gratuito, asociado y solidario de muchas personas, situado en la calle Uceda nº 45— se convirtió en el punto de encuentro perfecto para fundir naturaleza, juventud y compromiso ambiental.

Guiados por nuestro compañero Eduardo de ANAPRI, nos propusimos acercar a estos chicos y chicas al asombroso patrimonio alado de una de las zonas de mayor relevancia ecológica de la Comunidad de Madrid.

El preludio: más de 180 vecinas con plumas y una galería de arte local en la Casa Emaús

Comenzamos la mañana compartiendo un café en la Casa Emaús con Nuria, Óscar y varios miembros de la comunidad. A las 10:00 h, Eduardo se presentó al grupo de jóvenes y abrió la charla introduciendo la enorme biodiversidad de Torremocha: un entorno privilegiado que alberga más de 180 especies de aves a lo largo de las distintas estaciones del año.

Para comprender esta inmensa riqueza, nos reunimos en torno a la magnífica exposición fotográfica de Óscar. Él mismo nos detalló los secretos de sus imágenes y nos explicó los diversos hábitats donde había retratado a cada ave.


Torremocha cuenta con una combinación ambiental extraordinaria: por un lado, una extensa llanura cerealista, característica de los ambientes esteparios; por otro, la exuberante ribera y los sotos asociados al río Jarama.

Aprovechando la fecha, Eduardo explicó a los jóvenes el gran fenómeno de la migración postnupcial, que ya se encuentra en marcha en pleno mes de agosto. La pareja local de cigüeña blanca (Ciconia ciconia) sirvió como magnífico ejemplo para ilustrar el asombroso viaje de miles de kilómetros que muchas aves emprenden anualmente hacia tierras africanas.


De camino al Jarama: descubriendo el entorno a través de la historia

A las 10:30 h  nos pusimos en marcha.

Nuestra ruta no fue casual. Descendimos desde el casco urbano utilizando antiguos senderos y vías pecuarias de gran arraigo histórico, como el Paseo José María Oñate Cid, denominado así en recuerdo de un vecino estrechamente vinculado a la conservación del patrimonio de Torremocha.

A las chicas y chicos se les entregó una lámina para tomar nota de las especies avistadas.


Estos caminos conectan el pueblo con el histórico Canal de Cabarrús y el Camino del Soto, guiándonos en un suave descenso hacia la vega del río Jarama.

Nada más comenzar, a los pies de la casa, pudimos estrenar el telescopio observando una bellísima tórtola turca (Streptopelia decaocto) encaramada en la cruz de la Casa Emaús. ¡Un comienzo inmejorable!


A medida que avanzábamos, los jóvenes comenzaron a familiarizarse con el uso de los prismáticos. En los tramos urbanos y de arbolado pudimos contemplar especies comunes, pero no por ello menos fascinantes: gorriones comunes (Passer domesticus), mirlos comunes (Turdus merula) y estorninos negros (Sturnus unicolor).

Pero las verdaderas protagonistas del cielo fueron las golondrinas comunes (Hirundo rustica). Sus vuelos rasantes y vertiginosos, a escasos metros del suelo, nos sirvieron para explicar su importante papel como aves insectívoras y como grandes aliadas del ser humano en el control natural de numerosos insectos.

En el corazón de la estepa: un santuario natural bajo amenaza

Al adentrarnos en la zona esteparia, dominada en esta época del año por campos de cultivo ya cosechados, el paisaje se abrió ante nosotros. Este es el territorio de las grandes aves agroesteparias y de las rapaces que campean por la vega del Jarama.

De repente, una silueta elegante recortó el horizonte: era un aguilucho cenizo (Circus pygargus), que se alejaba pausadamente de nuestra posición.


Poco después, gracias al telescopio terrestre, pudimos disfrutar del majestuoso planeo de varios buitres y de un precioso ejemplar de águila calzada (Hieraaetus pennatus). Además, posado en un árbol cercano, localizamos un ejemplar que presentaba la característica silueta de un Busardo ratonero, que inicialmente confundimos con un Milano. https://www.inaturalist.org/observations/391706459



Aprovechamos estos avistamientos para concienciar a los jóvenes sobre la delicada situación de estos sistemas agrarios de alto valor natural.

Explicámos cómo la conservación de especies tan amenazadas y sensibles como la avutarda común (Otis tarda), el sisón común (Tetrax tetrax), el alcaraván común (Burhinus oedicnemus)  ha sido uno de los elementos fundamentales a la hora de valorar los grandes proyectos energéticos planteados en la comarca.

En este contexto, diferentes proyectos de macroplantas fotovoltaicas, entre ellos el GR Bisbita, han generado una importante preocupación por sus posibles efectos sobre el territorio.



Fue importante sobre el propio terreno cómo la fragmentación, transformación o pérdida de los hábitats esteparios puede afectar gravemente a algunas de las especies más valiosas de nuestra fauna.

Proteger el paisaje de Torremocha no significa únicamente conservar una bonita panorámica. Significa preservar un ecosistema completo y garantizar que estas aves puedan seguir encontrando lugares donde alimentarse, reproducirse y descansar durante sus desplazamientos.

Ciencia ciudadana y un final refrescante a la orilla del río

Durante el paseo también comentamos cómo cualquiera de nosotros puede convertirse en un auténtico observador y colaborador de la naturaleza a través de la ciencia ciudadana.

Eduardo animó a los chicos y chicas a registrar sus avistamientos en aplicaciones como eBird mediante el uso de la APP Merlín, explicándoles que cada observación puede convertirse en un dato útil para estudiar la distribución de las especies, sus desplazamientos y los patrones migratorios. Utilizamos la herramienta en diferentes puntos del recorrido; zona urbana, esteparia y de ribera.

También hablamos de cómo este tipo de participación ciudadana permite estudiar acontecimientos extraordinarios y su influencia sobre el comportamiento animal. Un ejemplo son las iniciativas que analizan los cambios producidos durante el eclipse solar del día 12 de agosto y cómo la repentina disminución de la luz puede alterar temporalmente los paisajes sonoros y la actividad de las aves.


Finalmente, alcanzamos la frondosa ribera del Jarama. Allí el paisaje cambió por completo: la sombra de los árboles, el rumor del agua y la vegetación del soto sustituían a los espacios abiertos que habíamos atravesado minutos antes.

Nos encontrábamos ahora en un hábitat apropiado para especies tan características como el martín pescador o la oropéndola europea.

A la sombra de los chopos pusimos fin a la ruta compartiendo un refrigerio y fruta fresca, con la satisfacción de haber vivido una enriquecedora jornada de campo.

Desde ANAPRI queremos agradecer especialmente a la Casa Emaús su hospitalidad y su disposición para impulsar actividades que acerquen a los más jóvenes al conocimiento y al respeto por nuestro entorno.

Porque conocer es el primer paso para valorar, y valorar es imprescindible para conservar.

Esperamos que alguno de aquellos  y sus primeros vuelos con prismáticos se conviertan, con el paso del tiempo, en una mirada diferente hacia el paisaje, las aves y la naturaleza que nos rodea.

Crónica escrita por Eduardo Ramírez Esteban, Asociación Naturalista Primilla (ANAPRI). 








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