Juan Compañ, un premio ambiental merecido en un Consejo de Medio Ambiente a olvidar
El Consejo Municipal de Participación Ciudadana de Medio Ambiente y del Campo, celebrado en Colmenar Viejo el 17 de junio de 2026, dejó una noticia que merece ser destacada: el reconocimiento a Juan Compañ con el Premio Compromiso Ambiental.
Y conviene decirlo con claridad. Pocas personas han trabajado con tanta constancia, rigor y compromiso por el medio ambiente de Colmenar Viejo como Juan Compañ. Su labor en la defensa del territorio, del medio rural y urbano, y muy especialmente en la conservación del cernícalo primilla, ha sido durante años un ejemplo de servicio público bien entendido.
El cernícalo primilla no es un capricho. No es una molestia ornamental. No es un problema que se pueda despachar con frases desafortunadas. Es una especie protegida por la legislación vigente, y su conservación obliga a las administraciones públicas, a las instituciones y también a quienes gestionan edificios con valor patrimonial. La Basílica de Colmenar Viejo no puede entenderse como un espacio ajeno al interés general: forma parte del patrimonio de todos y todas.
Por eso resultó especialmente bochornoso escuchar a la representante de VOX, Susana Jiménez Aibar, Tercera Teniente de Alcalde y Concejal de Economía, Desarrollo Empresarial y Empleo del Ayuntamiento de Colmenar Viejo, afirmar que las personas que van a la iglesia “no están de acuerdo con que los cernícalos primilla aniden en su basílica”. Una frase preocupante, no solo por lo que expresa, sino por lo que parece insinuar: como si la protección de una especie dependiera de la comodidad o preferencia de un grupo concreto; como si las leyes ambientales fueran opcionales; como si el patrimonio común pudiera gestionarse al margen del interés general.
Juan Compañ hizo durante sus años en el área de Medio Ambiente del Ayuntamiento lo que debía hacer: informar conforme a la legislación vigente y defender criterios técnicos en materia ambiental. Precisamente por eso merece reconocimiento. Porque la protección de la biodiversidad exige conocimiento, valentía y coherencia, especialmente cuando resulta incómoda para determinados intereses.
Sin embargo, la jornada del Consejo también dejó una nota profundamente preocupante: la aprobación de la propuesta para permitir la caza con galgos en la Dehesa de Navalvillar. La decisión salió adelante por un solo voto: 6 votos a favor frente a 5 en contra. Una mayoría mínima para una decisión de enorme impacto simbólico y ambiental.
Resulta difícil aceptar que se ignore un informe técnico negativo emitido por el Área de Medio Ambiente y la Guardería Rural de Colmenar Viejo, fechado el 4 de diciembre de 2025, cuyas consideraciones eran claras:
“La Dehesa de Navalvillar no es una finca idónea para las carreras de los galgos ni para ejercer la caza de la liebre.”
El propio informe recordaba que la entrada de perros y animales de compañía está restringida para evitar problemas con el ganado que pasta en la finca y para favorecer la biodiversidad. Por tanto, autorizar una actividad de este tipo resulta, como mínimo, contradictorio y difícilmente justificable desde una perspectiva ambiental.
La liebre ibérica, Lepus granatensis, es en la Comunidad de Madrid una especie cinegética de caza menor. No tiene estatus de especie protegida ni amenazada. Pero eso no significa que cualquier espacio sea adecuado para su caza, ni que la Administración deba desatender los criterios técnicos cuando estos advierten de la escasez de la especie en la Dehesa y de la falta de idoneidad del lugar para esta práctica.
La Dehesa de Navalvillar es un espacio natural de primer orden para Colmenar Viejo. No debería convertirse en un terreno de pruebas para recuperar usos del pasado que muchos creíamos superados. Menos aún cuando se emplean términos como “alimañas”, cargados de una visión antigua, empobrecida y hostil hacia la fauna silvestre.
También fue triste comprobar cómo votos decisivos, como el del concejal Felipe Mansilla Nogales, Quinto Teniente de Alcalde y Concejal de Calidad y Mantenimiento de la Ciudad, Medio Rural y Asuntos Taurinos, se sumaron a una decisión contraria al criterio técnico sin una defensa pública suficiente que explicara, con argumentos ambientales sólidos, el sentido de su voto. En un órgano de participación ciudadana, votar debería implicar también dar razones, especialmente cuando se contradicen informes elaborados por los propios servicios municipales.
La ciudadanía merece explicaciones. Merece saber por qué se desautoriza a los técnicos. Merece conocer qué modelo de gestión ambiental defiende realmente el Ayuntamiento. Y merece que la participación ciudadana no se reduzca a una escenificación en la que las decisiones ya vienen condicionadas por mayorías políticas y equilibrios ajenos al interés ambiental.
A todo ello se sumó una sorprendente intervención sobre la gestión de residuos y el futuro papel del Ayuntamiento en la Mancomunidad de Municipios del Noroeste. Se presentó una postura aparentemente más “verde” que, de confirmarse en hechos, sería bienvenida. Pero no deja de resultar llamativo este giro después de años de una gestión de residuos que muchos consideramos claramente insuficiente. Ojalá esta nueva sensibilidad ambiental no sea solo discurso y se traduzca en compromisos reales, medibles y sostenidos.
Pero desde ANAPRI queremos ser positivos, y estaremos vigilantes cómo siempre. Esperamos que en futuros consejos la cordura y los datos científicos, que no los intereses de ciertos grupos, hagan que se retire este permiso de caza, con el que estamos frontalmente en contra.
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